Los resentidos de Dios

«Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.» Jonás‬ ‭1:1-3‬ ‬

El resentimiento es un veneno que podríamos ilustrarlo con el veneno que inocula una serpiente. En cierto programa de televisión se mostró cómo el olfato de una serpiente detecta a un roedor en medio de un espeso bosque. Ella no estaba apurada en correr tras él porque, a medida que él avanzaba, dejaba su olor como un rastro que ella podía seguir aunque se desplazara lentamente. Tarde o temprano ella daría con él. Solo era cuestión de tiempo y paciencia. De repente, cuando el roedor menos lo esperaba, ella se abalanzó sobre él y lo mordió eficazmente. Él salió disparado huyendo de su atacante, y ella se quedó tranquila en el sitio, luego comenzó a deslizarse con lentitud hacia su presa. Porque ella podía rastrear la huella olfativa de su víctima. Hasta que lo encontró. En todo momento, el veneno había estado disolviendo poco a poco a su víctima, de modo que, cuando la halla, está inmóvil y lista para ser comida, empezando por la cabeza.

El Diablo puede mover los asuntos de modo que uno sea mordido por lo que pareció ser una injusticia, o por la traición de un amigo, o por algo que no salió como esperaba, y el veneno del resentimiento comienza a disolver su espiritualidad poco a poco. Al principio pocos lo no notan, y uno mismo casi no se percata de ello, pero comienza a orar con menos frecuencia, a leer la Biblia con menos frecuencia, a asistir a las reuniones cristiana con menos frecuencia, a hablar menos de Dios con otras personas, ya no defiende su fe como antes, comienza a ver más defectos en los hermanos y a encontrar excusas para orar menos, para leer menos la Biblia, para dejar de asistir a más reuniones, para juntarse más a menudo con personas que lo alejan de su rutina cristiana. Empieza a dudar de si lo que aprendió verdaderamente tenía base, si la Biblia realmente es un libro inspirado por Dios, si realmente tiene fe.
Es cuando los sentimientos de frustración y decepción oxidan su armadura cristiana y lo dejan desnudo, alistándolo para ser engullido por la serpiente, que le ha seguido el paso desde que lo mordió. (Apocalipsis 3:17-18) Sin darse cuenta, ahora el resentimiento ha dado sus frutos y está adormecido, como anestesiado, quizás por un recién adoptado punto de vista materialista, o por alguna fantasía absurda, o porque se le subieron los humos, y ya no reacciona como antes, para darse cuenta de las cosas malas y defenderse como cuando era feliz y su fe era fervorosa. Porque ahora lo malo le parece no tan malo, y lo bueno, no tan bueno. Está más confundido que nunca y su mareo espiritual hace que le desagrade hasta la más leve insinuación para que regrese al lugar de seguridad. Le disgusta mucho que siquiera le toquen el tema. (Proverbios 18:1)
¿Y quién acaba de presentarse delante de él, despacio, amablemente, hipnóticamente, mirándolo fijamente a los ojos? Está tan mareado que no se ha dado cuenta de que estuvieron siguiéndolo de cerca subrepticiamente todo el camino, mientras el resentimiento hacía efecto en la etapa final del envenenamiento. ¡No distingue de quién son los ojos que lo miran tan fijamente!
Y cuando la serpiente se acerca hasta casi hacer contacto, abriendo ampliamente sus flexibles mandíbulas, ¡ocurre un milagro! Él recuerda su primer amor y reconoce los horribles ojos de su atacante. Toma conciencia de su pobre situación y clama por ayuda a su Padre que está en los cielos, como cuando Jonás clamó en su angustia desde el interior de un anorme pez. (Jonás 2:1) Dios le hace recordar dónde se comenzó el problema: Se había resentido con sus hermanos. Entonces los perdona en su corazón, reconociendo su parte de la culpa, y se apresura a ir a la reunión, a retomar su vida y rutina cristiana. ¿Y la serpiente? No está. Ha huido. Algo mucho más poderoso que ella la ha obligado a retirarse. (Santiago 4:7; Mateo 6:14-15)
Conclusión:
Nunca lo olvides: El resentimiento es un veneno mortal. Tiene el poder de afectarte tanto que nunca vuelvas a tomar conciencia de tu necesidad de regresar y andar en el camino correcto. Esperemos que ese no sea tu caso. De hecho, haber leído esto es una prueba evidente de que no ha sido tu caso. Por eso es muy importante que regularmente hagas un autoexamen y te preguntes sinceramente: “¿Abrigo algún resentimiento contra alguien, al punto que está disolviendo mi vida por dentro?”. Si así fuera, el antídoto es el perdón y arrepentimiento sinceros, dones que solo Dios puede concederte si se los pides. (Job 42:10) Nuestro deseo es que no te demores. Marca una distancia con el mundo cuanto antes y acércate a tu Padre para ayuda al tiempo oportuno. Existe una salida basada en el amor, no en el odio.

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